Dantzari divino
Hoy, 16 de enero, leyendo el artículo de Víctor Moreno en NAIZ, me he enterado de la existencia de la pericóresis, de su significado y de que tiene aplicación, según León XIV, en el deporte.
Llevo un porrón de años viviendo en esta tierra de educación en el castigo y el acojono y nadie me habló del perifolio hiperbólico de la pericóresis esa. Si en mi adolescencia, cuando lo del baile era pecado, me entero de que en la Santísima Trinidad están en una danza de amor recíproco exterior e interior del yo hacia el otro y al revés... ¡Buenooo! les mando al ventorro de la puñeta al párroco y a sor Guitarra. Como las palabras me sugieren imágenes y todas las que tengo de mis tiempos en los que tenía la asignatura de religión son dibujos fijos en blanco y negro, me he tenido que tomar otro café porque no me hago a la idea.
Yo pensaba que lo que caracterizaba a la Iglesia era la quietud y, como mucho, el baile suelto regional en el atrio, a plena luz del día; pero ahora va y resulta que no, que el misterio de los misterios del tres en uno es la danza, el movimiento. Así sí lo entiendo, pero es que antes, cuando en las misas se hacían contrafactum de canciones de Los 40 Principales sin meneo, no había forma de creer. Otra cosa hubiera sido si, en vez de canciones moñas que solo imitaban la figura de la barrera en el futbol, hubieran puesto algo alegre, coral, tipo boda para espantar los malos rollos. El movimiento, la danza no existía, se limitaba a una especie de gimnasia sueca de mirada al frente, sentarse en el banco, ponerse de pie, de rodillas y así día tras día. El darse la paz con un leve giro de cintura se incorporó cuando se rompió la separación de mujeres y hombres.
Que Dios es omnipresente nos lo dejaron bien claro; pero qué quieres que te diga, en el deporte no lo veo. Mira que me he leído la homilía que el Santo Padre, León XIV dio en la basílica de San Pedro el 15 de junio de 2025 y nada. Creo que el Santo Padre no ve mucho futbol por mucho que resida en Italia. Aunque, eso sí, ve lo que quiere ver porque al "Dai!" italiano (¡dale! en español) que gritan los tifosi lo disfraza de generosidad divina y habla de la Santísima Trinidad como de un equipo, en fin, muy poético.
Me da que el futbol, aunque se monte la de Dios es Cristo todos los días, no podemos definirlo como una pericóresis. Ni a los brasileños, que bailan mucho y mentan a Dios como nadie, les veo divinos. No creo que en San Mamés, por mucho que sea la catedral y los jugadores recen con el capellán antes de salir al campo, se represente la obra de Dios.
A propósito, si yo fuera socio del Athletic le hacía socio a León XIV.
No hay como tener amigos con buena base cultural y ganas de debatir. Jesús, un granadino navarro, me dice que el griego "pericóresis" tiene el latinajo "circumincesión" como sinónimo.
Con la sonoridad de ambas me quedo con pericóresis. Con el latinajo se me bajan las manos a la entrepierna, ya lo siento. Y por el significado también me gusta más porque circumincesión es estático. Me veo a los tres, muy mayores, sentados en sillas y charlando. Al griego lo veo joven y sandunguero. Además, si León XIV. que de esto sabe un montón, lo utiliza, no voy a ser yo quien se ponga chulico.
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