Tormentas de mierda

 


    Llevamos unos años que a la tormenta Alice le sigue la Benjamín. A la Leonardo de la semana pasada le da la mano Marta. A un volcán canario le coge el relevo la DANA ( Depresión Aislada en Niveles Altos) valenciana, a esta le sustituye la sequía María, hermanada con el huracán Iván, que, con la ayuda de la tormenta eléctrica Drola, incendia lo ya incendiado. Día tras día tenemos una catástrofe natural, sanitaria, mecánica o artificial que nos atemoriza y nos noquea. El cambio climático es una realidad tangible para la mayoría de la población. Sus causas son cuestionadas por personas cuyos enormes ingresos vienen de los combustibles fósiles y dedican un tanto por ciento del capital a disfrazar las mismas catástrofes o, como dicen ellos, a controlar el relato, a redactar otro Cantar del Mío Cid. Que si son fenómenos naturales, que si son castigos divinos o que los demonios comunistas los provocan en laboratorios del inframundo. Se trata de buscar salvavidas a base de fe, fobia y fantasía.

    Llevamos unos años de tal estrés térmico que a la galerna Le Pen le sigue el huracán Netanyahu. El sunami Tramp se une con la ola de frío polar Putin. El cataclismo brasileño Bolsonaro muta en la pandemia Milei. Al volcán Meloni le alimenta el tornado Orbán que, a su vez, es primo de la tolvanera Abascal y su siamés DANA (Depresión Alta Nacional Alzada) de Ayufeijó. Todos ellos, y los que callan, enmierdan día sí, día también, el solar patrio. Es tanta la mierda y hace tanto tiempo que no escampa que la gente tiene la pituitaria adaptada. No hay respiro. En redes sociales, prensa, radio y televisión se vierten toneladas y toneladas de mierda por segundo. El cambio político ya está aquí.

    Pongo sacos terreros en el móvil y tapio la televisión; bajo la presión discursiva haciendo preguntas; hago diques leyendo clásicos; tiro de los primeros auxilios de la música; me consuelo remando con amigos en las piraguas que usábamos en nuestra juventud; cuando me alivio me pregunto en qué la hemos cagao y qué podemos hacer para que de esta mierda salgan champiñones.

    Seguro que hemos llegado hasta aquí porque no hemos aprendido, o no nos han enseñado, cómo empezó el cólera nazi, fascista o nacionalcatólico. No nos infundieron, ni con el aíre ni con el agua, las causas del cólera, su transmisión o su sintomatología. No practicamos la prevención, el tratamiento y tiramos las vacunas en la Virgen de la Cueva.

Ya me he quedado mejor. ¡A ver cuánto dura! 

Empujo el pitorro del calderín.

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