Legítima defensa

 


    Es una reacción que no puedo controlar. Yo lo achaco a la educación que me dieron mis padres y a mi adolescencia libertaria y participativa. Cuando un idiota con poder le da caña a alguien, me mosqueo y me pongo de parte del atacado. No lo puedo remediar. Y si las hostias son sin consagrar en la pila del agua de la verdad, me reafirmo en la hipótesis de que los atacantes son peores. Son unos hijos de la frutera que quieren quemar todas las fruterías para acabar con la competencia y establecer su monopolio. Es decir, estoy a favor del “tú más” del acosado y hasta me parece poco. Creo que una butifarra, y un “idiota” o “Tontolaba” a la par que se denuncian todas las barbaridades demostradas que ha hecho, y sigue haciendo el chulo agresor, me parece de buena educación. Poner la otra mejilla queda bien para puntuar en el supuesto juicio final; callar o bajar la cabeza y ponerse de rodillas por unas grabaciones no encomendadas por el juez, un informe de la CUCO y un relato sin verificar, nos devuelve a la dictadura. Los plumillas y el Orfeón Fachotarra desacreditan el “tú más”, jalean el linchamiento, nos hipnotizan hablando del maquillaje, el tono o la forma y nos roban la cartera.

    Cada vez estoy más convencido de que lo importante es de lo que no se habla: de ideología y de política. Me importa que fulano se cague en el portal o mengana se mee en el florero; pero me importa mucho más que ese acto contra la comunidad no tenga consecuencias; y lo que me saca de quicio es que anuncien que lo van a seguir haciendo porque quieren adueñarse del inmueble echándonos a todo. Que algunos vecinos les voten para la presidencia del bloque de viviendas es la materialización de que las cinco leyes de Cipolla sobre la estupidez humana son fruto de la desideologización y despolitización que arrastramos desde siglos.

    A mi madre le daba vergüenza ajena escuchar a algunos curas y obispos y le indignaba que se pasasen por el arco del triunfo las Obras de Misericordia que, según entiendo, conforman el breviario de la hermandad, fraternidad o solidaridad universal. Para “ir a misa” enchufaba la tele, le quitaba el sonido y se ponía a coser o pintar.


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