El Monumento en imágenes
Soy impresionista. Cuando no encuentro explicación a algo, reflexiono a golpe de imágenes, de destellos y pinceladas de colores independientes que, vistos a cierta distancia, forman un conjunto armónico y bien definido que me saca de la abstracción. Asocio datos, encadeno hechos y me devano los sesos soldando sus conexiones, recibiendo descargas o encendiendo luces. En algunas ocasiones se funden los plomos y no me queda otra que retomar la primera impresión.
Hace un tiempo me saltó el diferencial por el rollo de la resignificación del «monumuerto». No entiendo esa postura viniendo de un acuerdo entre tres partidos cuyos credos políticos son contrarios al fascismo. ¿Puede que esa apuesta esté motivada por la típica chulada de «pasarle la pata por encima» al contrario? Si los padres del Monumento a los Caídos lo alzaron para que fuese magnífico y eterno, ¿el trío dice: «Yo más, te vas a enterar»? No sé; la primera impresión me dice que sí.
Leo, escucho y veo imágenes de la visita del alcalde Asiron, acompañado de concejales y responsables de área, al Monumento a los Caídos. No sé por qué, me saltan las imágenes de Fraga bañándose en Palomares para demostrar que las cuatro bombas atómicas caídas por el accidente (las autoridades emplearon el término «incidente») de dos aviones de guerra americanos no suponían un peligro nuclear. Nos dijeron que no pasaba nada, pero como una cayó en el mar, las playas se cerraron y los campos donde cayeron las otras tres se cercaron por contaminación radiactiva.
Las centrales nucleares tienen un gran sarcófago en forma de cúpula que cubre el reactor. Las formas curvas son las óptimas para que los líquidos y gases no rompan el continente. En Chernóbil han construido un sarcófago móvil que encapsula el reactor 4 y reduce las emisiones. Aun con todo, en Ucrania están que no duermen por el peligro de que algún proyectil rompa el sarcófago; el año pasado ya le cayó uno. El «monumuerto» de «Navarra a sus Muertos en la Cruzada» es un sarcófago adornado con una enorme cúpula que ensalza el fascismo. Por mucho que los cuerpos de Mola y Sanjurjo hayan sido exhumados y llevados a lugares irrelevantes, la energía sigue allí (es propia del enorme edificio) y la emisión de fascismo continúa. Me temo que el exorcismo del edificio por medio del encapsulamiento de la actual cúpula con un nuevo sarcófago más grande —si fuese igual sería un preservativo— no reducirá el riesgo de emisiones o de resignificación como monumento facha, teniendo en cuenta los continuos «pepinazos» fascistas que vemos y oímos a diario.
Es de sobra conocido el afán que esta sociedad tiene por establecer cánones de belleza a fin de categorizar aspectos subjetivos por encima de los objetivos y económicos. En estas estamos cuando quieren salvar el monumento y establecen que el cimborrio, por su grandeza, y la terraza, por su ubicación, hay que protegerlos con una construcción antifascista, al estilo de un traje que vista y desnude al mismo tiempo, como de cristal. Asimismo, del ocultado interior hay que respetar los artísticos frescos de Ramón Stolz (la Capilla Sixtina del fascismo) y taparlos sin dañar la tatuada piel de la cúpula. Sin embargo, las arcadas y sus escalinatas se tirarán para realzar más el gigantesco panteón.
Estos imperativos artísticos y estéticos, cubiertos por la legislación vigente, son los que me cortocircuitan porque positivo y negativo entran en contacto. La protección del monumento tapándolo es una invitación a la curiosidad y al pecado. En el campo educativo esta dualidad no se entiende y suele conducir al fracaso. Para muestra podemos mencionar el escaso éxito educativo del rótulo «SALA DE EXPOSICIONES CONDE DE RODEZNO», «SALA DE EXPOSICIONES» o el último, «MUSEO MEMORIAL», que tapa el de «Navarra a sus Muertos en la Cruzada». La única verdad es que el original explica el sentido religioso de una «guerra santa»; el resto es fachada. Ni es museo ni es sala: es un monumento nacionalcatólico de mil pares. La opción de la resignificación cae dentro del meridiano conservacionista (en Nafarroa somos muy de conservas). ¿Merece la pena embotar esa «fachomenestra»? ¿Los del trébol (Geroa, PSN y Bildu) van a ser capaces de demostrar que el bote sea más relevante que su contenido? ¿No sería mejor, más barato y con garantía de éxito, no meter nada dentro y hacer un monumento nuevo?
Vuelve a saltar la clavija. Me temo que estamos en otro apagón.
Comentarios
Publicar un comentario