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Salvemos a Coreano

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  En el mundo del revoque, del renuncio y del reciclaje político han resurgido personas defensoras de lo que ellas denominan "resignificación" del Monumento a los Caídos porque no son partidarias del derribo. Es decir, en un posible referéndum, no en un reconcurso como el de los carteles del siete de julio, lo opuesto al derribo se denominará resignificación (si yo fuese partidario del mantenimiento, mejora y reforma del monumento habría metido el palabro "recreación").   Repasando, releyendo, recopilando y revisando las reflexiones efectuadas por renombrados e insignes expertos en la reconversión histórica; el que reescribe estas líneas, yo, no ha llegado a entender qué releches es la resignificación y cómo se hace o rehace. Repaso la RAE y no encuentro el palabro tantas veces recauchutado. La máxima institución del significado no reconoce el significado de resignificado. Así nos caemos todos. Esto no es serio. Si ni siquiera los partidos partidarios de que el monu...

La casa de Tócame Roque

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  Esto de echar una mano a los demás me está llevando por la calle de la Amargura y la avenida del Desaliento. La muy inclusiva y muy foral comunidad en la que vivimos tiene una red administrativa tan burocratizada que un día te partes la crisma al chocar contra una cláusula de última hora o das vuelta de campana en la zanja de una fotocopia del pasaporte de una nigeriana porque no ha salido clara. Si normalizar la vida de una persona venida de otros lugares fuese un juego, sería el de la oca. Hay cárcel, pozo, posada,   laberinto, retroceso a la casilla de salida y dados trucados que hacen imposible llegar al jardín de la oca. Y, por si todo lo anterior fuera poco, para poder jugar debes pedir cita por teléfono o rellenar un impreso que requiere una clave que se desclava cuando menos te lo esperas. Los ayuntamientos y las administraciones generales son entidades que,   bajo el palio de la justicia matemática, la rectitud igualitaria y la criba que evita el engaño de lo...

Efecto huida: éxodo

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  Según Naciones Unidas, en el año 2017 huyeron de donde vivían   68,5 millones   de personas, una cada dos segundos. Ibrahim sabía que en Europa se vivía bien porque lo veía en la tele, lo apreciaba en los turistas,   lo oía de las jornaleras que iban a España y lo confirmaba   cuando sus parientes   mandaban dinero a casa o pasaban las vacaciones en Marruecos. Sabía que vivir mejor no era gratis. Sabía que si la huida podía costar la vida y la estancia implicaba sangre, sudor y lágrimas, aún con todo, era mejor que seguir en su pueblo. Tenía encarnado en su mente que había venido al mundo a trabajar de sol a sol como lo hacía su abuelo, lo hace su padre y lo seguiría haciendo él. No tenía ninguna duda de que el fruto de su enorme trabajo seguiría siendo   la supervivencia. El emigrante es como el corcho de una botella de champán. Sale despedido, choca contra el techo, la pared...   y vete a saber dónde para. Desde el momento de la salida...

Día de escuela II

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Día de escuela I

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Por una FP inclusiva

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Aulas de madres

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