Inteligencia divina

 

    

                                                                 

                                                              

    Estoy muy preocupado por la «Magnífica Humanitas» de León XIV porque me da yuyu. No es normal que el representante de Dios en la Tierra nos alerte de la llegada de la omnipotente inteligencia artificial. Las críticas hechas por científicos, economistas, sociólogos y otras almas me las leía y me daban juego en las diatribas con otros humanus (terrícolas); pero esto ya tiene otra dimensión.

    Me da que el Sumo Pontífice no las tiene todas consigo ante la pujanza de la mente digital en todo el orbe. El ser más pobre, en el poblado más pobre, tiene un móvil con el que hablar con esta tecnología o, como diría Antonio Machado, rezar. Solo que, a diferencia del monólogo teológico, esta contesta, no castiga, corrige tus errores y te redacta una carta para pedir perdón al prójimo que no has amado. Esto es un antes y un después para las religiones.

    Como el algoritmo lo sabe todo, nos conoce como si nos hubiera parido y nos llama por nuestro nombre, da confianza. Gente anónima, empresas, gobiernos, militares y obispos encomiendan su alma y su cuerpo a la inteligencia sintética y pierden la fe en las divinidades clásicas. Y no me extraña porque la conexión es permanente y personal, sin intermediarios ni intérpretes. Esta entidad virtual es más natural que la inteligencia religiosa porque se encarna en un móvil en el que llevas hasta la intimidad. Y es natural porque sabes que esa red neuronal ocupa un enorme espacio que consume energía eléctrica y refrigerantes.

    De la misma manera que la banca va cerrando sucursales por la digitalización de los servicios y la obligación de la cita previa, a la institución religiosa, si le sumamos la falta de profesionales del sacerdocio, le puede pasar algo parecido con la herramienta digital. No sé.

    Para eliminar el canguelo que me ha entrado por el mensaje papal, me he puesto a dialogar con la IA (con Dios no hay manera) sobre el asunto de «Dios versus IA». Tras un montón de explicaciones, me ha dejado claro que no tiene alma y que es un invento humano que resuelve problemas divinamente. Dicho de otra manera: no es Dios, pero se le parece. Bien es cierto que, repreguntándole a la máquina, ella misma me ha dado unas respuestas que deberían tranquilizar a quienes en ella ven un enemigo: «Ciertas corrientes teológicas ven la IA como una manifestación de la creatividad y sabiduría que Dios otorgó a la humanidad para mejorar el mundo». Y otra: «El Vaticano no condena la IA, pero exige que esté subordinada a la dignidad humana. Esto es lo que la Iglesia acuña con el término "algorética"».

    Ya veo a León XV haciendo caso a Sun Tzu o a San Lupo cuando llegaron a la conclusión de que «si no puedes derrotar a tu enemigo, únete a él». Está cerca la llegada de una IA vaticana premium y otra para iniciados.


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