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Belén de Iquitos

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  Gema, Zarra, Sara y yo nos fuimos por la mañana a visitar, con tranquilidad y pausa, el Barrio de Belén y su mercado. El día anterior, al atardecer, después de hacer una excursión a la selva con Toñi y Adriana en un pequeño peque-peque cubierto, le pedimos al barquero que nos llevase por el río a Belén. Nos puso muy mala cara y se mostró contrario a ir porque, según él, no íbamos a ver nada y además resultaba muy peligroso. Le insistimos y aceptó con la condición de que no sacásemos fotos con flas porque se iba a ver el reflejo y nos podíamos convertir en un botín. Según nos íbamos introduciendo por el brazo del río Itaya el piloto fue desacelerando hasta que el motor apenas se oía. Sacó un pequeño remo y con golpes suaves sobre el agua, tanto a babor como a estribor, nos fuimos deslizando con soltura. El sol casi apagado se reflejaba en los cristales del único edificio de cemento: la iglesia. En unos minutos oscureció y se confundían las casas, el río y los montones de...

A Benedicto le echan con indemnización

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El cese en sus funciones del Santo Padre, su dimisión o como se le quiera llamar, me importa un pimiento, pero no puedo pasar del asunto porque es la comidilla en todos los medios. Los expertos en sacristías y misterios ensalzan al Papa por la decisión tomada con el mismo entusiasmo que alabaron al anterior por morir en activo. Las dos me parecen estúpidas y alucino que se hable del acontecimiento en términos humanos. Si, según los entendidos, el nombramiento lo hace el Espíritu Santo, lo lógico es, digo yo, que el cese también lo haga el firmante del nombramiento. Vamos, que más que en ningún otro caso, las cosas se deben hacer como Dios manda. Algo así como que el padre o el hijo, no los distingo, mande o manden al miembro volador de la Santísima Trinidad entregarle un sobre al Santo Padre Un sobre lacrado con el recado de “Como no te veo muy católico, quedas despedido. Un saludo: Dios”. Bueno, a ver, quien dice un sobre dice un SMS, wastsapp o la forma que tenga Dios de comunicar...

Timbal de ciudadanos con clientes, siervos y esclavos al gusto

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La receta que expongo me ha sido enviada por la hija de una amiga que después de doctorarse en ingeniería industrial se ha ido a Deutschland a currelar. Como no domina el alemán trabaja de limpiadora en el Reichstag. El otro día, según me cuenta, sacando brillo al suelo de un despacho se encontró debajo de una mesa grande la receta escrita de puño y letra, a lo clásico. Le llamó mucho la atención porque todo está en los ordenadores y el único papel es el del váter y el de los clínex. Se la llevó a casa y a la hora de cenar se la enseñó a las seis amigas, españolas todas ellas, con las que comparte piso. Una que sabe un poco, la otra que tiene mucha imaginación y las otras que le estaban dando a la cerveza, se pusieron con entusiasmo manos y cabeza al texto. He preferido ser fiel a la traducción que entiendo pueda no ser del todo acertada al estar hecha bajo los efectos del alcohol. Timbal de ciudadanos acompañado de clientes, siervos y esclavos al gusto. Se coge...

Master de Barcina

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Iquitos

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Iquitos es una ciudad de casi medio millón de habitantes que tuvo su esplendor con las explotaciones caucheras de finales del XIX y principios del XX y que ahora crece bajo el paraguas del turismo y del desmadre de fin de semana discotequero. El hotel que encontramos, La Posada del Cauchero, es para mí el fiel reflejo de lo que es la ciudad y si me apuras Perú. La fachada da a una placita peatonal a orillas del río Itaya y está alicatada hasta el tejado de azulejos finamente dibujados con trazos azules, con ventanas enrejadas de forja y un balcón central esplendido con un aire muy de Iquitos. El interior era, igual sigue siendo, una obra inacabada y en fase de construcción. Para mis compas de viaje estaba finalizada y por voluntad del decorador, arquitecto o propietario lucía ese aspecto tan austero. El suelo de pasillos y escaleras lucía el cemento de obra, las paredes no estaban lucidas y lo que se veía era el ladrillo mondo y lirondo, las ventanas y puertas mostraban los...

Confusión

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Yurimaguas Ikitos II

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El cocinero siempre caminaba con un contoneo exagerado y cuando nos traía la comida al banco que había cerca de los camarotes, sus poses y meneos se magnificaban. Estábamos siete personas y en cada viaje traía dos platos, uno en cada mano. Si verlo venir desde la proa, donde estaba la cocina, a la popa, donde estaban nuestros camarotes, era un espectáculo de pasarela y circo; verle cuando se marchaba era de mareo. Caminaba sobre una línea recta con un movimiento de caderas y de culo que para sí lo hubiera querido Marilyn. Sus habilidades como cocinero eran aceptables para una carta monótona que se componía de hebras de pescado o hebras de res acompañadas siempre por un plátano caliente y una “teta” de arroz blanco que le daba un toque singular. Sí, para mí, aquella montañita redonda y blanca con un remate a modo de pezón me sugería una teta, de silicona, pero teta al fin y al cabo. Daba pena romperla porque era lo más elaborado que nos traía el cocinero. A Zarra, que es muy amante d...