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Clientas

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         Por razones económicas, de comodidad o simplemente de circunstancias, sin más, compro en distintos sitios. Según me pille, aunque si me vienen igual de mal o de bien compro en el más barato. Salvo si es carne, que siempre voy a las carnicerías de toda la vida porque no me gustan las bandejas de plástico y con carne para unos cuantos. Yo solo necesito para dos. Día a día he ido cogiendo cierta profesionalidad en lo concerniente a productos, dependientas y clientela de los grandes ultramarinos.           Si bien es cierto que en todos los supercolmados cuecen habas, independientemente de su país de origen o del color de los uniformes del personal, y   de que la explotación sea notoria en todas ellas, me suelo inclinar, cuando tengo tiempo, por los no habituales, por los que me pueden sorprender.   Es una forma de romper con la rutina, de ver caras nuevas, de curiosear o de ...

La economía no es graciosa

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                 Caso A.- Si un humorista cuenta una historia, todo el mundo se ríe. Dibuja una caricatura y gana dinero.            Caso B.- Si un economista cuenta la misma historia que en el caso A, solo se ríe el que le paga. Dibuja un retrato y, además de ganar dinero, hace una inversión.          ¿Por qué nos reímos con A y no con B? A no se presenta y actúa. B se presenta como economista y alecciona.            Recogido en la prensa la semana pasada:           La Comisión Europea ha corregido al alza las previsiones de crecimiento de España. A mediados de noviembre dijo que crecería 1,7 % en el 2015 y 2,0 % en el 2016. Ahora, en febrero, consultando los posos del whisky de la noche anterior, la CE se vien...

Escaleras

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                            Aparco en el garaje. Empujo la puerta con el codo y me planto delante del ascensor. Tengo la sensación de que pasa algo raro porque se ve luz entre las juntas de la puerta. Le doy al botón unas cuantas veces, pero no hay manera. Muy disgustado entro en la escalera estrecha de emergencias. Subo los dos pisos maldiciendo. Al salir a la calle me encuentro extraño. Es la primera vez que salgo por aquí. Tengo la sensación de vivir en otro lugar.             Aunque abro la puerta con la llave no puedo evitar mirar a la cámara que está encima de las tres filas de timbres. En la puerta del ascensor han colgado un letrero que pide disculpas por las molestias. Están realizando operaciones de mantenimiento. No vengo con el ánimo de subir hasta el quinto con las bolsas de la com...

Más aquí de la pantalla.

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                    Abro los periódicos o paso sus hojas virtuales en internet y las noticias me atropellan independientemente de la prensa que tenga delante de las narices. Enchufo el televisor o la radio y la información me acribilla por los cuatros puntos cardinales con saña siendo igual el arma que emplee la emisora de turno. Son monótonos, cansinos, predecibles y pelmas una cosa mala, tanto en lo que callan como en lo que dicen. La información, el debate, el coloquio o la opinión suelen ser, con pequeños matices y honrosas excepciones, el mismo ladrido y consiguiente mismo mordisco. Van a la yugular sin piedad. Siguen la misma estrategia que Drácula. Un mordisco de columnista extraordinario para enamorar y luego unos chupones interesados hasta transformarte en un vampiro pura sangre. La única manera de librarte de ellos es mandarles a tomar viento lunar   en cuanto asoman el colmillo, desconec...

Cajones

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             Por razones ajenas a mi voluntad me pongo a limpiar a fondo y hasta el fondo los armarios con el propósito de ordenar, sobre todo, los cajones. No lo hago por prescripción facultativa de médico,   sicólogo o hechicero; lo hago porque lo tengo que hacer. Si no se pone orden en un cajón su contenido se revuelve en una primavera libertaria y no hay manera de encontrar las cosas. Un buen cajón se parece mucho a una dictadura o a un ejército, pero es recomendable (figura en todas las constituciones sobre cajones) cada cuatro años, o así, poner en cuestión su estado y tratar de recomponerlo a pesar de que, con pequeñas variantes, a la primera que metes la mano vuelve el desgobierno.               El cajón   no es una caja grande, es otra cosa. Si a una caja le quitas la tapa tienes acceso a todo su interior sin ningún problema. Sin embargo, los ca...

Reyes Magos

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   De pequeño siempre creí en los reyes. Sabía que eran personajes de cuento, del pasado, y que los de carne y hueso eran falsos. Por eso los Reyes Magos no podían traer regalos porque tenían que estar requetemuertos. Mis reyes, los de los cuentos, no hacían esas cosas que hacían los Magos de Oriente. No metían los camellos en casa para dejarlo todo hecho un asco, ni pimplaban coñac (la madre de un amigo les ponía hasta puros, y se los fumaban). Mis reyes llevaban espada, corona, montaban un caballo elegante, daban mandobles a diestro y siniestro (las cadenas del escudo de Navarra se las mangó Sancho el Fuerte a Miramamolín para no sé qué), se batían en duelo por el amor de una princesa rubia despampanante con la que eran felices por los siglos de los siglos. Vivian en un palacio donde bailaban valses todas las noches antes de comer perdices en la cama o en los jardines a la luz de la luna. Al ser de cartón duro,  me cuadraban más los Gigantes de Pamplona. Como e...