Entradas

Lima2

Pasear por las calles de la vieja Lima es un encuentro entre lo que Perú arrastra de su pasado español y el empuje de su personalidad andina y libre. Muestra de ello es el trajín que han tenido con la estatua ecuestre de Pizarro. La han movido como si la ciudad fuera un tablero de ajedrez. De estar en el atrio de la Catedral, pasó a la Plaza Pizarro, solar aledaño a la Plaza de Armas, y en su peregrinar ha terminado en el Parque de la Muralla a las orillas del río Rimac. El trujillano está en horas bajas y pesa la imagen del conquistador que arrasó los pueblos andinos, pero no así el brazo católico que le apoyó en sus desmanes. La iglesia tiene una presencia muy fuerte (como en España) y apoya sin complejos a Keiko Fujimori. Todo lo anterior venía a cuento porque en un espacio de dos cuadras conviven el rechazo al fundador de Lima y el orgullo de tener un pasado y presente católico como el conjunto religioso de San Francisco de Asís. No es de extrañar porque la iglesia de Roma ha ma...

Lima I

El hostal donde nos hospedamos está en el barrio de Miraflores, cerca del mar. Sabíamos que era barato, pero nos resultó más acogedor y confortable de lo pensado. Nos fuimos a cenar a un restaurante cercano y un parroquiano de todo terreno aparcado justo en la puerta nos animó a cambiarnos a un hotel suyo con “todo tipo de comodidades”, pero a doble precio. Como no mostramos ningún entusiasmo se dedicó a poner a parir a Ollanta Humala, ganador de las elecciones, y a ensalzar a Fujimori y a su hija. Considerando que nosotros confesamos nuestra nacionalidad, pensé que el tío nos daba una chapa sobre el Perú más rabiosamente actual. Me pareció un tío de lo más facha y lógico por pertenecer, según su carro y sus pintas, a una clase pudiente. Pero el tiempo me dio un churrazo porque el discursito facilón fue la letra de la canción de nuestras vacaciones (iba a decir del verano, pero en Perú era invierno). En las clases sociales humildes, en las que nos movíamos habitualmente, también se le...

Dustin

El profesor les mandó quitarse las zapatillas para poder andar por las colchonetas y dar volteretas. Todos se aplicaron rápidamente y las dejaron sin orden ni concierto conforme se las iban quitando. Dustin las dejó con sumo cuidado apoyadas sobre el ra-diador, casi verticales. La clase se les hizo corta y que se volvieran a calzar fue un tor-mento. Como tenían ducha la mayoría decidió llevarlas en la mano. Dustin se empeñó en calzárselas sin soltar los cordones. El profesor decidió echarle una mano intentando desenredar el nudo de la zapatilla que aun no había conseguido ponerse. Dustin se la quitó de un manotazo y un preservativo sin funda cayó al suelo. Se cruzaron las miradas. La de interrogación del profesor y la de sorpresa mentirosa del alumno. ¬No es mío. Es de mi hermana. Se lo he quitado. -Bueno, vale. Perdona, sólo quería soltar el nudo. Metió el condón en la zapatilla y se la calzó. Cuando el profesor me comentaba lo sucedido, se reía porque no encontraba e...

CLASES DE MORAL

    La religión es un tipo de moral, lo que significa que hay otras que no son religiosas, entre las que se encuentran las ateas, las agnósticas, e incluso, las que creyendo en dios o en dioses no son religiosas. Pero, también entre las morales religiosas se da una pluralidad, pues está la católica, la protestante, la mahometana, la judía y un largo etcétera más.         Vistas así las cosas, parece pretencioso querer arrogarse la exclusividad moral, como se deja entrever en tantas declaraciones de los representantes de la iglesia católica. Sin embargo, lo que sí parece exigible a cualquier moral es que exista un acuerdo entre lo que se dice y lo que se hace, es decir, entre los principios morales que afirma defender y los comportamientos de las personas que libremente se identifican con dicha moral. La realidad, por el contrario, muestra cómo algunos católicos son un ejemplo de la diferencia entre el dicho y el hecho. Efectivamente, mientr...

Los digitales no hacen tic-tac. Menos mal.

    Salgo de casa a las diez y veinte, según el reloj de mi muñeca y a las diez y veintiuno según el reloj del horno. El del salón no lo he mirado porque no he pasado por delante de él. A unos cien metros de mi casa hay un panel electrónico publicitario que indica, en intervalos muy breves, la temperatura y la hora. Marca veinte grados y las diez y veinte. Antes de llegar a fijarme en la hora he permanecido sesenta y ocho segundos parado en el semáforo. Sin darme cuenta me he metido en la máquina del tiempo y a punto de encontrarme en pelotas en medio de la calle. En un cruce con semáforos, a unos ochocientos metros de mi casa, hay otro panel que marca veintitrés grados y las diez y veinticinco. Estoy a punto de ser medalla de oro en las olimpiadas domésticas. Digo domésticas porque voy a la compra diaria con la bolsa que me regaló mi amigo Luis. A unos pocos pasos la cruz de una farmacia, que aumenta y disminuye con un neón de tonalidades verdes, me indica en su inter...

Un icono rayante

Imagen
La comunicación visual se cristaliza en símbolos que se llegan a convertir en iconos más o menos sacralizados por unos, ignorados y hasta odiados por otros, pero que el tiempo se encarga de pulir e integrarlos en el entorno perdiendo parte de su razón de ser. De ahí que de vez en cuando se monten campañas publicitarias para recordarnos que el icono tiene un significado y que la empresa comercial, el partido, país, estado o equipo que lo defiende sigue vivo y con ganas de pelear contra sus rivales. Si no hay enemigo real o imaginario no hay campaña ni gasto alguno. Machaconamente, las minorías dirigentes nos obligan a comprar, a reafirmarnos en tal o cual credo y a renegar del resto. Su objetivo es ponerse de moda, de hacer que sea un peligro estar fuera de la mayoría porque, o no te identificas y te tienes que encerrar, o te da igual y vas a tu bola, o reivindicas la diferencia y te arriesgas, como poco, a ser tratado de radical y burro. Todas las campañas publicitarias se hacen al...

Un móvil para vivir

¿Hemos perdido el móvil o se ha ido? Como su nombre indica no puede estar quieto. Puede que se haya largado a Lima por su cuenta en alguna de nuestras mochilas. También puede estar en Hondarribia, relamiéndose de la magnífica paella que nos metimos entre pecho y espalda. Ninguna posibilidad de que el mar le haya llamado para completar sus fondos de materiales no degradables porque no nos asomamos al infinito. Visto lo visto, adoptamos uno, del mismo apellido, en el duty free del aeropuerto de Orly por el módico precio de cuarenta euros. Le pusimos la tarjeta de pago que compramos en su día para viajar y volvimos, eso creíamos, a estar enredados en la maraña telefónica del universo, ¡qué tranquilidad! El castellano no es un idioma que cuente en el mundo francés de Nokia y el celular digería los menús de Rousseau, de Shakespeare, de Saramago y de algún otro de menor rango. Llamamos, por probar, al ausente. Nada. Ante la duda de si era algo de incompatibilidades técnicas, de idioma, de p...