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Prototipo de protocolo.

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          Ya era hora de que se protocolizase la apariencia y la estética. Hoy, toda cosa seria tiene que tener un protocolo. Si no, no existe. Asunto distinto es si sirve para algo. Tampoco es objetivo del protocolo explicar o argumentar al respecto. Se hace lo que se hace porque sí, por costumbre, por tradición traidora, por mandato divino... Y no está mal que así sea porque cada uno lo interpreta a su manera. Cuando he ido a la procesión de San Fermín, no más de cinco veces, me he quedado plaf. Yo he visto unos tíos disfrazados de magos que no hacen magia o unos presentadores de cabaret sosos como ellos solos. Esperas que bailen como Fred Astaire y justo saben andar. ¡Decepcionante! No hay profesionalidad. Las señoras vestidas de roncalesas desentonan junto a los del frac. Lo lógico es que ellas fuesen de la misma pinta o ellos de roncales, digo yo.   Pero bueno, el protocolo tiene eso que le hace irracional, si fuese lógico no s...

Medir cien veces y cortar una.

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Llevo dos semanas reencontrándome. He conseguido retomar las prácticas de costura con mi madre. No ha sido fácil. Se lo propuse hace un tiempo y me mandó a freír churros. Un poco por pereza y un mucho por no querer perder un minuto de su valioso tiempo, me fue dando largas. En nuestros paseos diarios la crítica a las formas de vestir, al diseño, a los estilos o modas son siempre tema de conversación. Bueno, también es el tema cuando vemos la tele (ella sigue cosiendo). Sometemos a tertulianos y presentadores a una crítica constructiva sobre su aspecto. Los analizamos más allá del contenido de su mensaje. Sus hábitos, peinados y formas azuzan nuestros gustos estéticos. No soportamos la uniformidad monocromática ni el corsé de la moda que a más de uno y de una les queda de pena. Las prendas se venden como si todos los cuerpos fuesen iguales. Charlando sobre la poca calidad de los tejidos, la pérdida de originalidad y el rito consumista de las rebajas fuimos cayendo en la ne...

A la calle

Dame la mano. Vamos a dar un paseo que en la calle no hay tele, ni radio, ni internet. Dame la mano. Solo nosotros.

Escuchando el silencio

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  Salí de casa un tanto aturdido. Atravesé el bosquecillo de plataneros entre la niebla que se desperezaba con los rayos del sol. Al abandonar la hierba y llegar al cemento, el suelo se volvió resbaladizo por la langarra. Hasta llegar a la fachada sur del bloque donde está la panadería tuve que caminar con cuidado para no patinar. Cuando iba a entrar a comprar el pan, el sonido del rodar de algo sobre las baldosas me hizo volver la cabeza. Una mujer alta, erguida, vestida con un caftán muy colorido y un turbante que alargaba su figura, repasaba el suelo abotonado con su largo bastón blanco. Antes de avanzar giró la cabeza y sentí que me miraba a través de sus cristales negros. Me saludó con una sonrisa luminosa y cruzó majestuosa la carretera.

La gimnasia mental requiere desnudarse.

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A la hora de hacer ejercicio siempre he preferido el juego con colegas en espacios abiertos. Lo de entrar en un tugurio, reconozco que ahora los gimnasios son hasta asquerosamente aseados, pellizcaba mis principios callejeros. La lluvia, el frío y el aire han formado parte del alma que, antes el juego y luego el ejercicio físico, me   ha acompañado a lo largo de la vida. De crío, además de estos elementos incontrolables, la adaptación del entorno y sus recursos   a las necesidades de la cuadrilla nos azuzaba el ingenio capacitándonos para otros retos más serios. Una portería podía ser tan abstracta como la altura del portero y "de ahí a ahí",   a la vez que tan tangible como una piedra. De la misma manera que   los árboles eran un mundo que superaba su propia definición pasando a ser un parque, el puente de San Pedro, la cuesta hasta el portal de Francia, las cadenas del puente de madera, las murallas y las pilongas nos servían para disfrutar de lo lindo. Aq...