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Alegorías

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Estos días estoy viendo unos capítulos de Juego de Tronos.  Desmembraciones, mierda a cascoporro e intrigas palaciegas salpimentadas de despelote se repiten capítulo  tras capítulo. Es una serie catalogada por todo el mundo como de fantasía medieval, drama y aventuras. Una muchacha joven, aspirante a un trono de hierro (que tiene que ser más frío que frío)  se mete en la pira funeraria de su aguerrido marido con tres huevos de dragón y sale como si nada. Guapa como ella sola y con tres dragoncillos. Desde ese momento, Daenerys Targayen, que así se llama la mujer ignífuga, pasa a ser la Madre de dragones. Y como no podía ser de otra manera, un dragón es una mascota demoníaca, los trillizos se convierten en unos cabronazos que a la menor señal de su madre achicharran al más pintado. Son fiestas de mi barrio, San Jorge. También en Cáceres y lo celebran con profusión de representaciones y desfiles. Será por efectos de la primavera, pero el demonio, el dragón, es mucho ...

Salida y llegada

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Llovía con ganas. Bajé Atocha a paso ligero para mojarme lo menos posible, pero cuando entré en la estación el pantalón se me pegaba a las pantorrillas y lo notaba pesado. Al final de una fila de asientos alineados con el alargado jardín tropical del centro encontré uno libre y me senté dejando el paraguas abierto para que escurriese. Saqué de la mochila mi biblio y retomé la lectura de El secreto de la modelo extraviada de Eduardo Mendoza que había dejado señalada el día anterior. La bulliciosa familia que tenía a mi lado se marchó con prisas porque, según dijo el padre, el tren para Valencia ya estaba en la vía. Sentí frío al quedarme solo. Al rato, un señor de cierta edad y modestamente vestido se sentó cerca. Colgó el paraguas en el respaldo del asiento que nos separaba, sacó del interior de la gabardina un cuaderno, lo abrió y desplegó una hoja de papel de carta de los de antes. Apoyó el cuaderno  sobre las piernas, planchó la hoja con las manos, cogió un bolígrafo ...

Semana de Pasión

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Me encontraba en Cáceres, una ciudad que tiene veintitrés procesiones en lo que va del Sábado de Pasión al Domingo de Resurrección, rodeado de guiris fotografiando hasta el aire, cámaras de televisión retransmitiendo en directo, bandas de música tocando La saeta o  Blowin' in the wind a todo trapo caminando lentamente detrás de los distintos pasos y gente sentada en las terrazas tomándose sus cosas sin mostrar la menor devoción, cuando me cayó del cielo el irrefrenable deseo de racionalizar o llevar a mandamiento la historia de la Semana Santa. Para estos cometidos suelo echar mano de un equipo de investigadores fantasmas muy dados a sembrar más dudas que certezas. Somos conscientes, ellos y yo,  de que los resultados de nuestra investigación sorprenderán a más de uno, pero nosotros no somos dueños de nuestros actos. No tenemos conciencia de nada de lo que hacemos. No se nos pueden atribuir ni los aciertos, ni los errores. Somos meros escribanos que juntan letras al di...

Prototipo de protocolo.

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          Ya era hora de que se protocolizase la apariencia y la estética. Hoy, toda cosa seria tiene que tener un protocolo. Si no, no existe. Asunto distinto es si sirve para algo. Tampoco es objetivo del protocolo explicar o argumentar al respecto. Se hace lo que se hace porque sí, por costumbre, por tradición traidora, por mandato divino... Y no está mal que así sea porque cada uno lo interpreta a su manera. Cuando he ido a la procesión de San Fermín, no más de cinco veces, me he quedado plaf. Yo he visto unos tíos disfrazados de magos que no hacen magia o unos presentadores de cabaret sosos como ellos solos. Esperas que bailen como Fred Astaire y justo saben andar. ¡Decepcionante! No hay profesionalidad. Las señoras vestidas de roncalesas desentonan junto a los del frac. Lo lógico es que ellas fuesen de la misma pinta o ellos de roncales, digo yo.   Pero bueno, el protocolo tiene eso que le hace irracional, si fuese lógico no s...

Medir cien veces y cortar una.

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Llevo dos semanas reencontrándome. He conseguido retomar las prácticas de costura con mi madre. No ha sido fácil. Se lo propuse hace un tiempo y me mandó a freír churros. Un poco por pereza y un mucho por no querer perder un minuto de su valioso tiempo, me fue dando largas. En nuestros paseos diarios la crítica a las formas de vestir, al diseño, a los estilos o modas son siempre tema de conversación. Bueno, también es el tema cuando vemos la tele (ella sigue cosiendo). Sometemos a tertulianos y presentadores a una crítica constructiva sobre su aspecto. Los analizamos más allá del contenido de su mensaje. Sus hábitos, peinados y formas azuzan nuestros gustos estéticos. No soportamos la uniformidad monocromática ni el corsé de la moda que a más de uno y de una les queda de pena. Las prendas se venden como si todos los cuerpos fuesen iguales. Charlando sobre la poca calidad de los tejidos, la pérdida de originalidad y el rito consumista de las rebajas fuimos cayendo en la ne...

A la calle

Dame la mano. Vamos a dar un paseo que en la calle no hay tele, ni radio, ni internet. Dame la mano. Solo nosotros.

Escuchando el silencio

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  Salí de casa un tanto aturdido. Atravesé el bosquecillo de plataneros entre la niebla que se desperezaba con los rayos del sol. Al abandonar la hierba y llegar al cemento, el suelo se volvió resbaladizo por la langarra. Hasta llegar a la fachada sur del bloque donde está la panadería tuve que caminar con cuidado para no patinar. Cuando iba a entrar a comprar el pan, el sonido del rodar de algo sobre las baldosas me hizo volver la cabeza. Una mujer alta, erguida, vestida con un caftán muy colorido y un turbante que alargaba su figura, repasaba el suelo abotonado con su largo bastón blanco. Antes de avanzar giró la cabeza y sentí que me miraba a través de sus cristales negros. Me saludó con una sonrisa luminosa y cruzó majestuosa la carretera.