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Seguramente no es seguro.

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Cada día lo tengo más claro: esto se va a la mierda. No lo digo porque lo haya visto en los posos del café o en las cartas, métodos científicos equiparables a las bolas de muchos economistas, lo digo porque lo veo en la tele o lo escucho por la radio. Como de los bancos y cajas ya no se fía nadie, los ladrones profesionales,  los que no producen y ganan dinero con el dinero de los demás, se ponen el pasamontañas y los guantes blancos para ofrecernos el paraíso y la vida eterna a cambio de unas cuotas mensuales. Sí, sí. El omega seis, el colágeno y el agua bendita del capitalismo entran en escena. La seguridad es el quinto jinete del apocalipsis a lomos de un caballo tordo. –Los vecinos se han ido a vivir a otro sitio porque les han robado. No tenían alarmas. –A Puri le robaron mientras dormía. Sabían que su marido no estaba en casa. –Querido. Tenemos que poner inhibidores de frecuencia en las ventanas. Las alarmas no son suficientes. Atentados terroristas, bandas extra...

Palo a palo

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Ni el toro negro de Osborne ni el transbovino azul de Urmeneta; el palo es el axioma, el norte que guía nuestras vidas.  De la misma manera que tratar de arreglar los asuntos a palos está en el sobaco de nuestras entendederas, está en el cacumen de unos pocos empalar un caramelo o un mocho. El chupachups y la fregona son el I+D, el símbolo del ingenio más allá de la universidad o de la inteligencia cultivada en laboratorios de investigación impolutos con la luz encendida las veinticuatro horas del día.   El palo, en sus distintas presentaciones, bastón, garrocha, makila, garrote, estaca, porra... nos acompaña a lo largo de nuestra vida y nos lleva a llamar pinchos a todo lo que hay comestible en la barra del bar, incluso cuando no llevan palillos. Las nuevas generaciones están perdiendo habilidades,  no entienden por qué usábamos un mondadientes para pinchar una aceituna cuando ellos la cogen con la mano o la pinchan con el tenedor. Yo les digo que el palillo es un...

El mundo es un pañuelo

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Yendo a la reunión de la PAH del barrio un vecino que hace tiempo no veía me saluda y me llama desde la terraza cerrada de un bar que hay en la calle Sanduzelai. Como me hace ilusión reencontrarme con él, acepto su invitación. Nos damos un abrazo y se va para dentro del bar después de confirmarle que quiero una cerveza. Llovisquea y los fumadores echan humo bajo el ruido ratonero del agua al chocar contra el toldo. Casi en el exterior tres jóvenes  de unos dos metros charlan en voz baja mientras beben cerveza.  Creo que vienen de Ucrania. Al fondo unos marroquís toman café en animada conversación. Uno de ellos saca una cajetilla de puritos, invita al resto, nadie le acepta y se enciende el suyo. Marcos, que es como se llama el amigo colombiano que me ha invitado, viene con las cervezas en la mano, pero se queda sujetando la puerta con el pie para que salga tranquilamente un señor mayor que, nada más pisar  la acera, se encasqueta la boina a la vez que se queja del ti...

Polvo cósmico en casa

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Se agradecen estos días de sol mañanero con apuntes primaverales. Es una pasada ver entrar la luz por la ventana dejando a las claras los cristales a punto de ser translúcidos, el polvo procesionando por el salón en cuerpo de ciudad, los muebles oscuros velados por un no sé qué, ayer no estaba, de tono blanquecino con abundantes huellas dactilares y señales de haberse arrastrado un trapo perezosamente sin rumbo. Yo creía que lo tenía todo como los chorros del oro. No importa, para ver esto es mejor no quedarse en casa. ¡A la calle! que ya es hora... que escribió Gabriel Celaya. No merece la pena meter horas limpiando. El polvo está ahí y en el momento que se hace un chequeo, un análisis del espectro polvomagnético, salen a pasear ácaros y monstruos domésticos de todo pelo tejiendo un visillo sobre la pantalla del televisor. Un peligro tremendo esto de convivir con animales microscópicos que te asaltan cuando entra el sol por la ventana abriendo la caja de Pandora. Es como escanear...

Personas de compañía

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A la espera de que llegue la villavesa me siento en el banco de la marquesina. Una señora, que veo a menudo paseando cerca de casa y que no sé por qué me suele saludar, pasa gritándole al perro peludo que arrastra tirando de la correa. El chucho insiste en ir en dirección contraria. Ella me mira como disculpándose por su aparente falta de paciencia. –No me hace ni caso. Tiene un año, pero yo lo tengo desde hace dos semanas. Me lo dieron unas conocidas de mi hermana que viven en Bermeo ­­­­­­­­–me explica a la vez que sigue tirando de la correa.  En una de esas el perro, ante una seña mía, se planta a mi lado y trata de subir a mis rodillas. Está inquieto. –¡Bat! ¡Ven aquí! –grita a la vez que le coge del collar. –Tranquila. No pasa nada. Se le ve muy movido –le digo tratando de disimular mi rechazo. –¡Sí! Lo llevé a la veterinaria y le diagnosticó hiperactividad. No presta atención a lo que le decimos. Va a su aire. No hay manera. –¿Y le da medicación? –No. Me di...

El sol es redondo como una moneda

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Es una pena que los temas salvavidas cambien de significado de la noche a la mañana dejándonos sin flotador al que agarrarnos para salir del apuro. El del tiempo es mi preferido. Que si llueve, que si hace frío, que si sopla un viento de la leche, que si con este calor no se puede salir... Hasta hace cuatro días daba gusta soltar en el ascensor una parida de esas para romper el hielo, pero desde que Mariano y los voceros del gobierno se pusieron a joder la marrana diciendo que el atraco de la luz a recibo armado no era culpa de las eléctricas, que era cosa del tiempo, me han jodido.  Las explicaciones no me cuadran ya que si no llueve el cielo estará abierto para que el sol caliente las placas solares. Es decir, que cuando está Helios calentando el ambiente, Urano no mea, y al revés. Lo del viento tampoco me cuadra porque cuando sopla un montón, el recibo de la luz no baja. Tiene gracia que cuando algo se compra mucho, sube su precio. La gasolina es más cara cuando la gente sa...

Irlanda (II)

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Irlanda tiene atractivos turísticos indiscutibles que nos pueden hacer ir a pastar por las muchas tabernas, castillos en ruinas, costas bravas y escasas playas de arena. Podemos campar a nuestras anchas para aprender inglés a precios más asequibles que los de la vecina Gran Bretaña. Podemos ir a Eire de fin de semana aprovechando los vuelos baratos de Ryanair, la del arpa, y hacer gaupasa con buenos güisquis como combustible en sus presentaciones Irish Coffee, Irish whiskey sour o Irish Punch . Todo lo Irish lleva "agua de vida", güisqui gaélico. Pero lo que nos puede llevar a Irlanda es, sin lugar a dudas, la aventura incomparable de conducir por aquellos andurriales. De la misma manera que el personal se va al Himalaya a romper botas y saludar al yeti, la propuesta de darse una vuelta por la plana Irlanda es del mismo calibre o superior. Manejar un coche con volante a la derecha es como hacer ochomiles sin sherpas o echar la siesta a la sombra de una acacia en el Se...