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Estamos en el año del perro

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Yendo a la compra veo a la pareja de las nueve, un señor paseando a su perro o un perro paseando a su dueño, no lo tengo muy claro ya que los dos tienen un aire muy parecido. Son chulos a más no poder, caminan con la cabeza erguida perdonando al personal que se cruza en su camino. Se paran a la vez, arrancan a la vez,   giran a la vez, menos cagar y mear, que al hombre no le he visto, todo va a la par, como si participasen en natación sincronizada. Bueno, el perro lleva el rabo enhiesto como el palo de la bandera y del señor no puedo decir nada, aunque cuando va con gabardina no puedo evitar la asociación de ideas. Significado y significante toman cuerpo. Al perro le tendrían que poner pañales porque se va ciscando árbol sí, árbol no, y señales y farolas a discreción. Hay una señal de prohibido aparcar que el día menos pensado se irá al suelo por mor de   las meadas perrunas.   Ya sé que lo del pañal no es muy ortodoxo, mis amistades con perro me lo critican, pero...

El sistema

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Cuando tengo algún problema de recibos o similares con alguna compañía grande, de las que no atienden en persona y tienes que llamar por teléfono, me pongo del hígado. Poco a poco estos monstruos se han cargado al personal de las oficinas poniendo un entramado telefónico que hace imposible resolver los problemas. Dicen, los muy cabrones, que el nuevo sistema facilita la gestión porque lo puedes hacer desde casa, sin perder el tiempo yendo a la oficina y haciendo cola. No se lo creen ni ellos. El motivo es más potente ya que a esas empresas les importa un comino mi tiempo. Si fuese así, la solución a los problemas sería rápida y no como es ahora, que empleo horas pulsando el uno si soy cliente, el dos si lo quiero ser, el tres si soy extraterrestre y una vez pulsado cualquiera de los tres me pide que siga pulsando otros o una almohadilla si no sé qué coño soy. Este sistema lo imponen para que perdamos los nervios, nos cabreemos, hablemos solos, no les pongamos cara, no compartam...

Vías vivas

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Me gusta el silencio dormido de las madrugadas. En la estación, los habituales caminan con paso firme. Los esporádicos miramos aturdidos las pantallas, sacamos el billete del bolsillo, releemos para confirmar la hora y los minutos exactos de la salida y miramos el reloj grande que hay encima de la puerta principal. Un grupo de trajeados en azul oscuro y negro, después de saludarse y sonreír, salen a fumar. Se mueven igual, gesticulan igual. Una pareja joven se levanta con desgana de un banco cercano al radiador. Caminan dormidos. En el bar no hay mesas libres, pillo un hueco al fondo de la barra. En el suelo se amontonan servilletas de papel retorcidas y fundas de azúcar. La señora que lee el código de barras de los billetes me saluda muy amable y me indica el vagón número tres. Es el último. Dejo la mochila en la parrilla después de sacar el móvil y mi cuaderno de notas. El book no lo toco, ¿para qué si voy a quedarme frito a las primeras de cambio? La cazadora la sigo llevand...

La vida sigue igual

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Escucho a una deportista que se jubila de su profesión con una impresión agridulce. Por un lado corta con el mundo de sus éxitos y por otro podrá dedicarse a su familia. Algo parecido, entre sollozos y suspiros, dijo un futbolista, en junio de año pasado, al dejar de darle patadas al balón por culpa de una lesión a los treinta. No me dan pena, conozco a más de uno y más de una que tendrá que currar hasta su muerte. Meterán horas por cuatro putos duros, no podrán ir a jugar con sus retoños al parque los domingos, no podrán mandarles a campamentos de verano en inglés, tendrán que recurrir al banco de alimentos, forrarse de ropa para aguantar en casa cuando el frio aprieta... Conozco familias desahuciadas por una hipoteca criminal y con una deuda que no pagarían aunque viviesen mil años. No creo que sea más dura la vida de un deportista que la de cualquier asalariado, parado, subcontratado o autónomo. Parece que el trabajo es incompatible con la vida familiar, con dedicarse a los p...

Felices Fiestas (FF)

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Ya he dado el portazo a la locura navideña que genera cuentos y leyendas al cual más disparatado para alcanzar una simulación en diferido de la felicidad. Mis vecinos suelen adornar la puerta de su piso con tanto verde que al salir del ascensor te encuentras ante la madriguera del conejo blanco de Alicia en el país de las maravillas. Aunque mi puerta está igual todo el año, el despiporre navideño y sus distintas muestras, como las de mis vecinos, me gustan mucho. La seriedad no la veo por ningún lado y siempre me he tomado este trozo de calendario como la culminación del sinsentido. Es alegría a tope por el nacimiento de Jesús, por los juguetes que traen los personajes más singulares, por el amor, la paz, la lotería... y cena, comida, inocentadas, cena, comida, cena, regalos, cena, comida y bebidas espirituosas sin fin. Estas fiestas son más necesarias que el futbol. Aunque la resaca que le sigue suele ser dura, no importa, el valle de lágrimas es largo y hay tiempo suficiente pa...

planes

No te comas el coco, el futuro perfecto es un tiempo verbal, nada más.

Protocolo principal

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Llevo unas horas con un cabreo que no me deja escribir con fluidez. Con boli habría roto unos cuantos folios. Ahora palabreo dos líneas y le arreo con ganas a la tecla grande de suprimir a la izquierda.  Pongo cosas como "¿De qué van?", "Están tontos del culo para arriba y del culo para abajo", "¿No hay nadie con cabeza en ese puto departamento?", "¿A qué juegan?", "¿No tienen maestros con sentimientos como los que yo he conocido?", "¿Hay alguien ahí?", "¿El cambio era esto?". Un maestro me cuenta que el departamento de educación está llamando a los centros para que coloquen en la página web del colegio un enlace al documento  que el departamento tiene en la suya. Ese documento viene a titularse PROTOCOLO DE ACTUACIÓN ANTE AGRESIONES EXTERNAS... Es un tríptico muy colorido, con mucho dibujito y poco contenido serio. Con una pegatina habría bastado. Si el departamento ha gastado un dinero en su confección y diseñ...