A las cinco recojo unos quince carteles A3, "Decisiones al final de la vida", para colocarlos por distintas calles del barrio. Como llueve intermitentemente decido llevar un paraguas grande, mi mochilica pequeña, el paquete de carteles y un rollo de cinta adhesiva. Para colocar los carteles dejo apoyado el paraguas en la pared, cojo un folio, sujeto el resto entre las piernas, pongo el cartel a la altura de mi cabeza, lo sujeto a la pared con el codo izquierdo, corto un trozo de cinta con los dientes y fijo la esquina superior derecha; las otras tres, como tengo las manos libres, me resultan fáciles de poner. Cuando estoy colocando un cartel se me acerca un señor muy mayor empujando un taca-taca— Como no hay obras para mirar, le debo resultar todo un espectáculo—. Espera a que termine y me pregunta, con la lentitud y el tono apagado propio de su edad, por el contenido del cartel. Después de repensar la respuesta le digo que es una charla coloquio para persona...