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Chupinazo gota a gota

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  —El caso es que me suena tu cara, pero no sé de qué —le suelta una mujer a la otra que va a su par. Nado en un torrente rojo y blanco con un larguísimo mingitorio   en la margen izquierda. Deduzco que mean porque nos dan la espalda, tienen las manos ocupadas y miran al suelo. Llueve lo suficiente como para que el aire no se llene de ese aroma tan propio de los sanfermines.   A pesar de haber nacido y criado en un barrio a la orilla del Arga no sé nada de estas fiestas universales y soy incapaz de afirma o negar las definiciones que de ellas hacen los ortodoxos sanferminófilos. No me atrevo a denostar el presente en pro de un falso y cojonudo pasado, como lo hace un orondo PTV que me empuja   como si estuviéramos en los autos de choque. Es un pesado que cuando deja de sonar la batucada que nos arrastra y los gritos y aplausos callan,   él protesta porque las charangas han sido sustituidas por los blocos.   Las boyas que flotan a su lado son de la misma o...

Ya no podré disfrutar con mi madre.

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Cuando decidí hacerme cargo de las clases de alfabetización a un grupo de inmigrantes en situación de exclusión, le comenté a mi madre que no podría ir por la mañana a pasear con ella por Pamplona. En cuanto le expliqué el motivo se puso muy contenta. —Si no aprenden castellano, aquí no serán personas. No te preocupes, cuando vengas a la tarde ya me contarás lo que habéis hecho en clase —dijo entusiasmada porque íbamos a tener tema para hablar. Así fué, me preguntaba si asistían, si hablaban castellano, si iban mujeres, cómo les enseñaba... quedamos que algún día, por junio, con el buen tiempo, iríamos con ellos a tomarnos algo y charlar. Cuando le comenté que la Administración no les quería matricular en una escuela oficial y que no podían acceder a cursos de formación profesional, no le entraba en la cabeza. —¿Y qué hacen los del PSOE ? No es posible que habiendo gente que quiere aprender, los que tienen la sartén por el mango no les den clases. No ya por obligación cristiana de ...

Colorín, colorado...

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             A la vez que Vigo se convertía en el faro del mundo y el Gobierno de Navarra declaraba sin ruborizarse que somos de colores, se me ponía el cuerpo como cuando los bancos dicen que me aman o las eléctricas le pasan la pata a Greenpeace robándole el arcoíris. No tengo arreglo, ya lo siento, las campañas oficiales me dejan como los abrazos del vecino en San Fermín.             La melonada de que somos de colores lo puede ver cualquiera. Salta a la vista que el color de la piel de la raza humana es un fenotipo llamativo al que algunas personas lo elevan a la categoría de genotipo excluyente. Somos de colores, ¿y? El problema no es si somos de colores; el problema es si esos colores están siempre en su bote y en la estantería o si todos tienen las mismas posibilidades de lucir en cualquier lugar del lienzo. El problema está en si las instituciones ponen la escalera de la educación, el aer...

Ver para creer

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  La lluvia, mucho más que el frío, nos impide salir a pasear y nos obliga a quedarnos en algún lugar dentro de la Meca. Esta gaita nos acota los motivos de debate porque no descubrimos juntos, sobre la marcha, hechos que nos permita preguntarnos lo que está pasando delante de nuestras narices. O bien hablamos de lo que ha leído en la prensa – la rutina de su vida tiene, según ella, poco que contar– o pasamos el rato charlando sobre cosas mías. La ventaja es que nos vemos las caras, ella en la silla de ruedas y yo enfrente, sentado en alguno de los muchos y variados asientos que hay por pasillos y salas. Los primeros son más entretenidos porque saluda a todo el mundo que pasa, que en estos días malos es una javierada.             Le comenté, nada más sacarla del salón de la planta, que en la entrada me habían pedido el justificante de vacunación. —¿Tan mal está la cosa? En el periódico pone que en Alemania están muy mal. Es...

A vista de silla

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            Salimos con la idea de dar un paseo sin rumbo, sin más. En el camino adoquinado que conduce a La Ciudadela se quejó de que las ruedas no iban bien. No le hice mucho caso porque en suelos no muy lisos el traqueteo suele dar la sensación de que la silla se va a descoyuntar. Al llegar al puente de madera nos tuvimos que parar porque unos turistas se arremolinaban, dentro del túnel, a la sombra, en torno a su guía. Aprovechando la coyuntura miré las ruedas y en verdad que estaban un poco bajas. La guía les hablaba en inglés y como yo no había salido de casa con el chip británico puesto, me limité a carraspear a la vez que empujaba la desinflada silla. Ríete del efecto de la vara de Moisés en la orilla del Mar Rojo. The waters opened en un instante. Ya pueden añadir al lenguaje internacional de las señales de tráfico el de señora en silla de ruedas. Cuando terminamos de cruzar aquellos muros laterales de pieles blancas, gorros diversos y paragua...

Los dos a la UPNA en la nueve.

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                                 Esperando la nueve paró en el semáforo un taxi que lucía en su puerta trasera un "Tanatorios Imperial" muy llamativo. Mi madre, balanceando la cabeza y  removiéndose en la silla, dice: "Menudo anuncio. Vaya mal gusto. Parece que hay competencia en esto de la muerte. Yo ya te he dicho lo que quiero. A ese tanatorio ni hablar". Riéndome le aclaro: "Si es imperial de la muerte caerá a lo grande. No tenía ni idea de que existiese ese tanatorio. Tú tranquila, ahí no irás".             Nada más bajarnos en la puerta de la UPNA nos fuimos al aparcamiento para tener una visión más amplia del edificio principal. Estuvo en silencio un buen rato, moviendo el sombrero de un lado a otro para ocultar el sol. — A pesar de tener una fachada tan grande y recta no es mazacote. Tiene mucha cristalera.   Esas ven...

Días sabáticos

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  San Lorenzo 1880 (autor desconocido) Con esto de que ahora el vicho tiene menos posibilidades de acertar disparando a un rebaño, a una manada apiñada o a una bandada de cernícalos; y comprobado   que esas batidas con miles de muertos ya no son lo que eran gracias a que el tándem   vacuna y mascarilla actúan como los monteros infiltrados que cargan la escopeta del virus monárquico con perdigones de cartón, las autoridades competentes han tocado el cuerno de boda y el emparejamiento católico vuelve a las andadas de A.C. (Antes de Covid). Abierta la veda de boda, mi madre y yo hemos tomado la actividad sabatina de ir de esponsales. Entiéndase que no entramos dentro de las iglesias y que consumimos y degustamos en el exterior, en la calle. No pasamos de la puerta porque, amén del respeto y decoro para con la liturgia, entrar con silla de ruedas en estos recintos medievales es imposible y porque la luz exterior es mucho mejor para apreciar las pieles y los plumajes de las ...