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Borrar huellas

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Salimos a dar nuestro paseo diario. Tiramos para San Juan con intención de acercarnos hasta la Media Luna o por allí. El asunto es caminar. Al pasar por la avenida Bayona se le ocurre a Sara sacar dinero en una sucursal de la Caixa que nos pilla de camino. En el escaparate hay un enorme anuncio rojo " Family Ilusiones" (tanto rollo para ofrecer un préstamo). No tenemos que empujar ninguna puerta. El local es diáfano, las paredes del fondo tienen paneles luminosos incorporados, sofás amplios,  mesas para cuatro personas con sillas estilizadas; todo muy lujoso y minimalista. Un tío que yo pensaba que ya estaba jubilado conversa con su víctima en torno a una mesa, como si estuvieran en casa. Les faltan las pastas y el café. Un pequeño letrero en la pared nos dice que estamos en una oficina CaixaBank store . Entre unos señores que toquitean las tabletas surge una muchacha, empleada del establecimiento, que nos pregunta qué deseamos y si tenemos cita. Tardamos en responder. ...

Para colgar

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Cuando un gerifalte quiere quedar bien con el pasado y paralizar el futuro monta un museo en algún edificio público emblemático que agoniza. Reúne a su equipo y después de comer musean. –Mus, mus  –dicen el alcalde y su teniente. –Vale –dice el de urbanismo– como digáis. – ¿De qué? –pregunta la concejala de educación, antes de jardines y charcos. –¿De qué? Ni puta idea. Tú dirás, Nekane. Quieras o no, la cosa es de tu cartera. Hay que llenarlo de críos de colegio... Bueno... y de ikastolas –aclara el alcalde viendo las caras que ponen los demás. –¡OK! Encargaré un estudio a un equipo de expertos. Igual le llamamos centro de interpretación. Está de moda. –Como quieras. ¡A jugar! –dice el alcalde frotándose las manos. Las musas ya no están en los museos. Se pasean por las calles, plazas y parques; viven en fábricas, bares y cementerios; se manifiestan y gritan las veinticinco horas del día. Los edificios están llenos de musarañas. La inspiración late fuera de las ...

15 de mayo

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Desde mi más tierna infancia he tenido relación con el mundo de los labradores y tengo a san Isidro presente por muchos motivos. La imagen presidía el altar de la iglesia del pueblo de mi padre y las fiestas se hacían en su honor. Su coincidencia con las de Madrid me vino al conocimiento a eso de los doce años por la afición de un tío mío a los toros. En aquellos momentos no me cuadraba que la capital, sin campo en el que trabajar, tuviese como patrón a un campesino.  Hoy, quince de mayo,  evoco al jornalero mozárabe y me reafirmo en el movimiento pendular de la historia y de lo que supuso san Isidro como precursor de la sociedad en la que vivimos. San Isidro era un bracero que vivió en algunos de los pueblos que había entre Toledo y Madrid a finales del XI y gran parte del XII. Como eran tiempos de reconquista y mal rollo, Isidro rodó de pueblo en pueblo, según ganasen los musulmanes o los cristianos, hasta caer al servicio de uno terrateniente bautizado. Era tan ...

Sentido común

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El sacerdote moja el pulgar de la mano derecha en el Santo Óleo y unge, haciendo la señal de la cruz, los ojos, las orejas, la nariz, la boca, las manos y los pies del que está para pocos trotes y a un paso de irse. Es una fórmula para pedir perdón por los pecados cometidos con cualquiera de los cinco sentidos o vehículos de placer. Este protocolo no me gusta nada porque trata al palmante como ser irracional. No es mi intención enmendarles la plana a los profesionales del sacerdocio, pero ungir la frente sería todo un detalle. Nos daría el nivel de pecadores con sentido común, con cabeza. Somos seres a los que desde su más tierna infancia se nos inculca "hacer las cosas con los cinco sentidos", concentrados en lo que hay a fin de no ser engañados por nadie o por cualquiera de los sentidos que, en más de una ocasión, pueden actuar por libre, jugarnos una mala pasada y hacernos quedar como lelos. Me preocupa el deterioro de la facultad de discernir. Las autopistas de la...

Ganar por la gracia de Dios

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Voy a la compra con parsimonia. El sol saca la batuta y dirige los coros de pájaros que revolotean en los árboles de la calle. En la puerta de la sala de apuestas que hay pegada a la iglesia y enfrente de una empresa aseguradora, unos hombres fuman ansiosos. Me llama la atención que se miran entre ellos sin cruzar palabra. Después de comprar en la ferretería voy a ver las obras de reparación que han hecho, según cuenta un vecino, en el puente peatonal cercano a la mezquita. Al pasar por una de las peluquerías dominicanas me saluda Saúl, un alumno singular. Me señala asombrado el nuevo local que han abierto en lo que fue un bar caído en desgracia. Es un salón de apuestas. Futbolistas celebrando goles adornan las brillantes cristaleras. El puticlub de enfrente contrapone su aspecto de guarida cerrada a cal y canto.  Me quedo un buen rato disfrutando de la primavera apoyado en la baranda del puente. Vuelvo a casa por el paseo del río. Al atardecer pongo la radio mientras me pre...

Ley de vivienda PAH (II) La transparencia

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El estudiantado de ESO cursa estudios obligatorios que se supone le capacitan para seguir formándose a lo largo de la vida, pero la mayoría de los conocimientos que adquieren son sobre materias o técnicas con carga fundamentalmente teórica y absurdamente memorística. Ese alumnado, tarde o temprano, llegará a enfrentarse a operaciones bancarias de vital importancia y a la más dura, la hipotecaria, con una formación escasa o nula que le servirá al banco para seguir practicando el timo de la estampita. El significado de la palabra hipoteca, lo que está oculto, escondido debajo del cajón,  sigue siendo válido en el siglo XXI. Es urgente que nos dotemos de una ley que evite los abusos de los bancos, que haga real el derecho a la vivienda y que implique a las administraciones en satisfacer ese derecho básico y, sobre todo, que no condene a las personas más vulnerables. En estos tiempos la transparencia debe ser la base de cualquier ley y de cualquier forma de actuación de tal ma...

Ley de vivienda PAH (I)

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En el mundo del derecho, según cuentan,  se dice que los problemas entre personas o entidades, se solucionan, en última instancia, en el juzgado; pero cuando el problema se repite millones de veces, pasando a ser colectivo,  la solución está en el parlamento. En nuestro caso, las personas afectadas por las hipotecas dejan de ser afectadas para pasar a ser víctimas en tanto y cuanto la ley no les protege. Y no solo lo decimos las personas que pertenecemos a las Plataformas de Afectados por las Hipotecas, lo dice Bruselas una y otra vez. Madrid, a regañadientes y rizando el rizo de la hipocresía, elabora leyes que prolongan el sufrimiento de las víctimas hasta la desesperación. Remiendo tras remiendo, petacho tras petacho, al pantalón no le aguantan las costuras y sigue sin tapar las vergüenzas. Es hora de elaborar una ley, de confeccionar un pantalón nuevo acorde al siglo XXI. La sociedad de ahora no es la de los tiempos dorados anteriores a la crisis. La crisis vino p...